Te Deum en la Catedral de Los Angeles

Como todos los años, en la Iglesia Catedral se llevó a efecto el Himno de Te Deum dentro de la Eucaristía presidida por Monseñor Felipe Bacarreza.

En lo medular de su homilía nos dijo: Todos los presentes debemos nuestra existencia a Dios. Él nos ha creado y lo ha decidido antes de la creación del mundo. Así alaba a Dios San Pablo: «Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por cuanto nos ha elegido en Cristo antes de la creación del mundo…» (Ef 1,3-4).

Es también decisión de Dios que estemos aquí ahora, porque Dios ha decidido que nuestra existencia se concretara en este tiempo y no mil años antes o mil años después. Si hubiéramos sido llamados a la existencia mil años antes no podríamos ser chilenos, pues Chile existe solamente desde hace 206 años.

Una vez que Dios nos llamó a la existencia en estos años, es también decisión suya que hayamos nacido en esta tierra y así hayamos recibido como don este país, con su tan característica geografía: imposible pensar en nuestra patria sin tener inmediatamente en la imaginación su cordillera, su mar, sus ríos y lagos. Todo esto es un don de Dios, porque Él decidió que naciéramos aquí y en este tiempo. Por eso repetimos agradecidos: «Te Deum laudamus: A ti, oh Dios, te alabamos…».

Pero a nadie se oculta que en estos años nuestros la patria y sus instituciones pasan por momentos de crisis: crisis de desconfianza en las instituciones, en las autoridades, desconfianza también de unos a otros.

¿A qué se debe? Se debe a que estamos ignorando a Dios. En vano estamos tratando de construir sin Dios, porque «si Dios no construye la casa, en vano se afanan los constructores».

Es claro que en este tiempo se ha hablado mucho de educación y esto llena la agenda pública. Se estudia la realidad. Pero se la mutila en su parte más importante. Se estudia la naturaleza para obtener de ella los beneficios: alimento, energía, vestido, etc. Por eso, se profundiza en las ciencias naturales, en la tecnología, que hoy alcanza gran desarrollo. Se estudia al hombre mismo: las ciencias sociales, la psicología, psiquiatría, sociología, etc. Pero no es estudia al Ser supremo, se hace como si no existiera el Ser que da sentido a todo. Se ignora a Aquel que nos hace a todos hermanos.

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