Parroquia de Los Ángeles creó Panadería Solidaria

La Panadería Solidaria “San José” es una obra de la Parroquia Orionista Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de la Diócesis Santa María de Los Ángeles. 

Después de ver las necesidades en la Diócesis de Santa María de Los Ángeles, en la Región del Bio Bio, y de apoyar diferentes actividades de la Pastoral Social, la comunidad de la Parroquia N.S. del Perpetuo Socorro se dio cuenta que, los almuerzos solidarios organizados por diferentes parroquias estaban siendo distribuidos sin “el pan nuestro de cada día”. Ante esa situación se organizó la Panadería Solidaria a ejemplo de la diócesis, y desde el lunes 6 de julio estamos entregando el pan a los dos almuerzos solidarios que organiza la parroquia Santiago Apóstol y Caritas diocesana. 

La nueva iniciativa lleva por nombre San José, debido a la historia que contaba San Luis Orione y su cercanía con la devoción al padre adoptivo de Jesús y que es narrada con la ayuda de P. Flavio Peloso quien fuera Superior General de la Congregación.

La iniciativa funcionará en las dependencias de la Parroquia del Perpetuo Socorro de lunes a viernes, con los recursos “que la Divina Providencia nos otorgue” destacó el Padre Gustavo Valencia, párroco del lugar. Por ello se invita a la comunidad a seguir siendo solidarios y contactarse con la oficina parroquial para hacer aportes que permitan la continuidad de la “Panaderia San José”.

Cabe destacar que los almuerzos de los diferentes comedores solidarios de las Parroquias Angelinas van en directo beneficio de personas en situación de calle, familias de escasos recursos y hermanos migrantes residentes en la zona.

San José

San José es el hombre justo y fiel (Mt 1,19) que Dios escogió para ser el custodio de la Sagrada Familia de Nazaret. Fue el esposo de la Bienaventurada Virgen María e hizo de padre de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. Proveyó con amor y sacrificio al bien de la familia. La Iglesia venera a San José como patrón de la Iglesia universal, y es modelo para los papás. 

En las casas de Don Orione, hay una devoción especial a San José como aquel que provee del pan, como intercesor de la Divina Providencia. Desde los tiempos de Don Orione es costumbre poner una pequeña hogaza de pan colgada del cuello de la estatua del Santo Patriarca para recordar aquel episodio ocurrido en Tortona. 

Episodio contado por el mismo Don Orione el 18 de marzo de 1938

«En los inicios, en los momentos en que no teníamos pan, …no teníamos nada, fue San José quien vino a nuestro encuentro. Pero en aquel año parecía que el querido San José no quisiera venir en nuestra ayuda. Llegó precisamente el mes de marzo, y teníamos una gran necesidad de dinero: eran momentos muy angustiosos, y nos encomendábamos mucho a San José, que es invocado como administrador, mejor como proveedor de las casas, así como fue proveedor de la Sagrada Familia. 

En vez de llegar la ayuda, venían los acreedores para que les pagásemos. Yo no podía librarme de ellos. Un día estábamos propiamente sin nada. El portero era por entonces nuestro querido Don Zanocchi, que llevaba sólo unos meses con nosotros. ¡Y era la antevíspera de la fiesta! El portero llegó a la carrera y me dice: «Hay un señor que quiere hablar con usted!». «Pero ¿Quién es? ¿Es un acreedor?». «No lo conozco». ¿No es el carnicero o el lechero?». «No lo sé». «No lo he visto nunca». «¡Mire bien que no sea ningún acreedor!».

Desciendo las escaleras deprisa y me encuentro delante de un señor vestido modestamente y con una barbita rubia. Aquel señor me dijo: «¿Es usted el superior? ¡Aquí tiene una suma de dinero!», y sacó un grueso sobre. Entonces le pregunté si teníamos que decir algunas misas: «¿Tenemos alguna beneficencia que hacer?». «¡No, no!», respondió. «No hay nada que hacer. ¡Sólo continuar rezando!». 

Yo no lo había visto nunca. Me miró un instante y, saludándome con una inclinación, se fue deprisa. Hubiese querido entretenerlo un poco pero aquella presencia y aquellas palabras me habían dejado como encantado. Aquel señor dio unos pasos; salió por la puerta, bajó el escalón, pero después ya no se le vio más, ni a la derecha ni a la izquierda, ni bajo los pórticos ni en la iglesia; en el patio estaban sólo los muchachos… Se mandó inmediatamente a dos de ellos para buscarle, pero fue inútil. 

Vino después Monseñor Novelli y se le contó lo que había pasado. Y él dijo: «¡Era San José, era verdaderamente San José, que ha querido confortaros!». Entre nosotros verdaderamente siempre creímos que fue San José. 

Este hecho fue siempre contado como reconocimiento a San José por aquella providencia extraordinaria Y he creído oportuno hablar de ello, porque también ustedes después de este buen puñado de años pasados, quieran aún agradecerlo conmigo». (Parola, 18 marzo 1938).

Desde entonces, como signo de reconocimiento, Don Orione hizo poner y tener un pan fresco colgado en el cuello de la estatua de San José. Y así se hace en las casas de la Congregación. 

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