Comentario al Evangelio del domingo 16 de mayo de 2021 – Solemnidad de la Ascensión del Señor

Mc 16,15-20 – Proclamen el Evangelio a toda la creación

En nuestro país y en muchos otros se celebra este domingo la Solemnidad de la Ascensión del Señor. El día preciso en que este hecho ocurrió lo conocemos por la información dada por Lucas. El evangelista concluye el primer tomo de su obra –el Evangelio– con la Ascensión de Cristo y comienza el segundo tomo –los Hechos de los Apóstoles– con estas palabras: «El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre todo lo que empezó a hacer y enseñar Jesús hasta el día en que, habiendoles dado mandato por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue elevado. A estos mismos, después de su pasión, se presentó vivo, con muchas pruebas, apareciendose a ellos durante cuarenta días y hablandoles lo que se refiere al Reino de Dios» (Hech 1,1.2.3). La Ascensión del Señor ocurrió, por tanto, cuarenta días después de su Resurrección, es decir, el jueves de la VI Semana de Pascua.  

En el Evangelio de este domingo leemos los últimos versículos de la así llamada «Final del Evangelio de Marcos» (Mc 16,9-20). Hay consenso en que esta conclusión del Evangelio no es del mismo Marcos, sino de algún redactor que quiso completar su obra agregando la presentación de Jesús vivo ante sus apóstoles después de su pasión. El primer Evangelio que se escribió fue el de Marcos y esto explica su gran importancia. Mateo y Lucas usaron el Evangelio de Marcos como fuente y como esquema para sus respectivos escritos. Pero en estos versículos agregados del Evangelio de Marcos ocurre lo contrario; ellos tienen como fuente de información lo que se narra sobre Jesús resucitado en los otros Evangelios, incluido el de Juan, y en otros escritos del Nuevo Testamento. Fue, por tanto, redactado después de esos otros escritos, es decir, hacia fines del siglo I.

Comienza el Evangelio de hoy con el mandato misionero de Jesús a sus apóstoles: «Yendo a todo el mundo, proclamen el Evangelio a toda la creación». Este es el mandato que, según Lucas, dio Jesús a sus apóstoles, antes de ascender al cielo. El contenido de ese mandato lo toma el redactor de estos versículos de la conclusión de Mateo, donde formula Jesús la misión «a todas las naciones». Pero lo radicaliza, para que no quede ninguna duda de su universalidad: «a todo el mundo… a toda la creación». Retiene, como es claro, el mandato a bautizar; pero agrega la necesidad de la fe, según la conclusión del IV Evangelio: «Estos signos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que, creyendo, tengan, en su Nombre, vida eterna» (Jn 20,31). De este mismo Evangelio toma la advertencia de Jesús: «El que cree en Él (el Hijo de Dios), no es condenado; pero el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios» (Jn 3,18). Conforme a esto, el redactor escribe este posible resultado de la predicación del Evangelio: «El que crea y sea bautizado, será salvado; el que no crea, será condenado». No retiene, sin embargo, la visión propia del IV Evangelio de adelantar los eventos finales (escatológicos) al tiempo presente –«Ya está condenado»–, porque es más difícil de asimilar; no la ha asimilado aún nuestro tiempo, después de veinte siglos.

Es importante retener, como objeto del anuncio a toda la creación, el término «Evangelio» y no cambiarlo por «Buena Noticia». El término Evangelio es lo más propio del cristianismo y aparece en el escrito de Marcos cinco veces (en cuatro de ellas la Biblia de Jerusalén lo cambia por «Buena Nueva»). Pero, sobre todo, aparece en el título: «Comienzo del Evangelio de Jesús Cristo, Hijo de Dios» (Mc 1,1). El redactor de la conclusión es fiel al escrito que quiere concluir y deja todo el escrito, que es un «Evangelio», incluido en ese concepto. Si el resto del escrito es el «Comienzo del Evangelio», el Evangelio propiamente tal es su predicación a toda la creación.

«Después de hablarles, el Señor Jesús fue elevado el cielo». Hemos visto que estos son los términos que usa Lucas tanto en la conclusión de su Evangelio, como en el comienzo de los Hechos. Pero agrega la precisión de su destino final: «Se sentó a la derecha de Dios», que es una confesión de su condición divina, pues aplica a Jesús lo que dice Dios en el Salmo 110, que es el más citado en el Nuevo Testamento: «Oráculo del Señor (YHWH) a mi Señor: Sientate a mi derecha» (Sal 110,1). El redactor anónimo ciertamente lo tomó del mismo Marcos que en el juicio contra Jesús a la pregunta del Sumo Sacerdote acaso es Él el Hijo del Bendito, responde: «Sí, yo soy, y ustedes verán al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder…» (Mc 14,62).

«Ellos, saliendo, predicaron por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con los signos que la acompañaban». Un tema muy importante que leyó ciertamente el redactor en el Evangelio de Mateo es la presencia constante de Jesús: «Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos» (Mt 28,20). Esto lo recoge él en esa magnífica expresión que caracteriza la misión: «El Señor colaboraba con ellos». El Señor está todos los días con ellos, pero continuando, a través de ellos, su misión de salvación. Es la Iglesia la que prolonga a lo largo del tiempo la salvación, porque ella es el Cuerpo de Jesús en el cual, por medio del Bautismo, son incorporados los que creen y son salvados.

Es claro que quien escribe: «Ellos predicaron por todas partes», ya ha tenido tiempo de ver la veloz difusión del Evangelio en los primeros tiempos, en el tiempo de los Apóstoles. De esos primeros tiempos Lucas relata: «El temor se apoderaba de todos, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y signos… la Palabra de Dios crecía y se multiplicaba» (Hech 2,43; 6,7; 12,24). El redactor hizo un buen resumen.

Esta conclusión del Evangelio de Marcos, aunque no sea auténtica del misma Marcos, es, sin embargo, canónica, es decir, Palabra de Dios. Y es preciosa, porque quien la redactó recoge temas que interesaba destacar a la Iglesia del tiempo de los Apóstoles. Son los temas que deben interesar también a nosotros, sobre todo, el último mandato de Jesús antes de ser elevado el cielo: «Proclamen el Evangelio». Ningún poder de este mundo debe impedirnos el cumplimiento de este mandato de Cristo.

                                                                               + Felipe Bacarreza Rodríguez

                                                                        Obispo de Santa María de los Ángeles

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