Fiesta campesina de la bendición de cruces congregó a miles de personas en Tucapel

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Es una tradición de muy antigua data en la zona precordillerana de la provincia de Biobío. En esas zonas apartadas, las cruces que son bendecidas para la fiesta de San Francisco, también son «vestidas». Los maderos son ornamentados con colores muy llamativos, generalmente usando papel de volantín, aunque últimamente se ha observado el uso de otros materiales.

La explicación del por qué son ataviadas de esa manera se diluye en el tiempo pero lo que sí es cierto es que se trata de las tradiciones que sigue más vigente que nunca en los campos de nuestra zona.

Así lo demuestra año a año la fiesta que acompaña la bendición de las cruces en la comuna de Tucapel que no solo ha recuperado esta tradición, sino que la ha relevado como un gran evento que convoca a miles de personas.

Organizado por la parroquia de San Diego de Alcalá de Tucapel, con el apoyo del municipio y la empresa privada, la celebración se viene realizando desde 2010 en la Hacienda Rucamanqui, ubicada a cinco kilómetros de Huépil.

Se trata de un entorno privilegiado por la naturaleza para recibirá los feligreses y a cientos de miles de personas que concurren a presenciar la actividad, que tiene artesanía y gastronomía típica, además de las presentaciones de cantores populares que presentan temas de raíz campesina.

La fiesta de San Francisco es un rito campesino que comenzó el 1 de octubre con la bendición de cruces que hacen los sacerdotes católicos y que luego son llevados a los sembrados de trigo donde son instalados para que pase el santo bendiciéndolos. De hecho, en la hacienda Rucamanqui, la actividad comenzó con una misa a la chilena que fue oficiada por el obispo Felipe Bacarreza, luego de lo cual las cruces fueron bendecidas.

Durante la jornada, se presentó la cantora Milka Ramos quien con guitarra campesina y usando diversas afinaciones, cantó tonadas, cuecas, corridos, vals y repicado. También estuvieron el payador Jorge Castro y hubo un canto a lo divino con Moisés Chaparro, Hugo González y Manuel Sánchez. El evento cerró con la presentación de Los Diamantes de Purapel.

COLOCACIÓN DE LA CRUZ

En la jornada de ayer miércoles, el propietario del sembradío, con su familia y amistades visitan el trigal y se instalan junto a la cruz. Ahí derraman vino en la cruz y comparten el asado del primer cordero de la temporada o fiambre de cabeza de cerdo ahumada que se ha guardado desde San Juan, todo esto acompañado de tortillas y ensalada de digüeñes.

Los dueños del sembrado suelen estar acompañados por un cantor y su guitarra que alegran el ambiente para que los asistentes bailen cueca sobre el sembrado y en torno a la engalanada cruz.

por Juvenal Rivera Sanhueza – Diario La Tribuna

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