Diócesis Santa María de Los Ángeles

La Eucaristía, don de amor y servicio: la Diócesis vivió con profunda fe el Jueves Santo

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En cada parroquia y comunidad rural, los fieles se reunieron para conmemorar la institución de la Eucaristía y el sacerdocio, en una celebración marcada por la piedad, el recogimiento y el llamado a vivir el servicio al estilo de Cristo.

En un clima de recogimiento y profunda vida espiritual, la Diócesis de Santa María de los Ángeles celebró el Jueves Santo en cada una de sus 25 parroquias, junto a capillas de sectores rurales, donde las comunidades se congregaron para dar inicio al Triduo Pascual, manifestando con sencillez y devoción la riqueza de su fe.

Guiadas por sus respectivos párrocos, las celebraciones reflejaron el sentido más íntimo de esta jornada: el memorial vivo de la institución de la Eucaristía y del sacerdocio ministerial, signos concretos del amor de Cristo que permanece en su Iglesia.

En el Templo Catedral —que además acoge a la comunidad parroquial de San Miguel— la Santa Misa fue presidida por el presbítero Ramón Henríquez Ulloa, quien invitó a los fieles a adentrarse en el misterio profundo que se celebra en esta noche santa.

Durante su homilía, el sacerdote destacó que la Eucaristía es una invitación a la intimidad con Dios, un misterio que sobrepasa la comprensión humana, pero que se acoge desde la fe: Cristo mismo que se hace presente en la sencillez del pan. “No se trata de un acto mágico —señaló—, sino de un don, de la manifestación de un Dios que tiene un plan de salvación y que se entrega totalmente por amor”.

Asimismo, recordó que este gesto no es improvisado, sino que forma parte del camino de revelación del Señor, quien se presenta como “el pan de vida bajado del cielo”, alimento que sostiene y da vida eterna al pueblo de Dios.

El presbítero Henríquez profundizó también en el sentido sacrificial de la Eucaristía, explicando que en cada celebración se actualiza la entrega total de Cristo en la cruz: su cuerpo partido y su sangre derramada por la salvación de la humanidad. En este contexto, subrayó que la comunión no es un premio para los perfectos, sino un alimento para los débiles, los cansados y los que buscan renovar su vida en el Señor.

La reflexión incluyó además el vínculo entre la Eucaristía y la Pascua judía, evocando el sacrificio del cordero en el libro del Éxodo, signo que anticipa a Cristo como verdadero Cordero que libera del pecado y conduce a la vida nueva.

Finalmente, el sacerdote invitó a los fieles a vivir este misterio desde una actitud de servicio, recordando el gesto del lavatorio de pies realizado por Jesús a sus discípulos. En este mismo espíritu, se llevó a cabo este signo durante la celebración, como expresión concreta de una Iglesia llamada a servir con humildad.

La liturgia concluyó con una procesión solemne al interior del templo, encabezada por el Santísimo Sacramento, recordando que esta celebración no tiene bendición final, pues se prolonga en el misterio de la Pasión del Señor.

De este modo, las comunidades de la diócesis iniciaron el camino del Triduo Pascual, renovando su fe en Cristo Eucaristía, presencia viva que alimenta, sana y sostiene al pueblo peregrino.

Escuchar homilía Pbro. Ramón Henríquez

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